Pérdida de piezas dentales: una bomba de relojería para nuestra salud bucodental

 

Una de las situaciones que más urgencias dentales provocan a una persona es la pérdida de un diente incisivo superior. Tal es así que podríamos llamarlos “los dientes de la prisa”. Estas urgencias tienen una naturaleza casi meramente estética (a nadie le gusta que su sonrisa tenga un hueco visible).

Esto lo tenemos claro pero, ¿qué pasa con los dientes que no se ven tanto?

 

Entre la población, poco o casi nada se conoce acerca de las consecuencias de la pérdida de una o varias piezas molares o premolares, “los dientes que no se ven tanto”. Este desconocimiento provoca que se le reste importancia a su pérdida, ya que aún podemos masticar con el resto de piezas. Esto nos lleva al olvido total de este problema, y es con ese olvido cuando se activa una verdadera bomba de relojería para nuestra salud bucodental.

 

Nadie entendería que un equipo de fútbol saliese al campo sin portero, sin un delantero o los defensas o, sencillamente, con menos jugadores de los once necesarios.

De la misma forma, nuestra boca está formada por un equipo completo de 28 o, incluso, 32 piezas dentales, y cada una de las cuales tiene una especialización y función muy concreta. Cuando una de ellas falta, son las demás piezas las que tienen que asumir su trabajo. ¿Podemos imaginar a un portero haciendo la función de un central o a un delantero defendiendo? Sin lugar a dudas, lo harían muy mal, se desgastarían antes de que acabase el partido y, además, perderían.

 

Si los noventa minutos del partido equivaliesen a noventa años de vida, el segundo tiempo sería un infierno para tu equipo – tus dientes-, ¿no crees?

Salvando las distancia con este ejemplo futbolístico, la perdida de una o varias piezas dentales hace que se desencadene en nuestra boca un complejo sistema de cambios que, lentamente y casi sin darnos cuenta, van a provocar un deterioro y envejecimiento prematuro de nuestro sistema masticatorio, función fonética, estética e, incluso, afectará a nuestra autoestima.

 

 

A su vez, el deterioro de la función masticatoria llega a condicionar nuestra dieta, ya que sin darnos cuenta, evitamos aquellos alimentos que nos cuesta trabajo masticar. Así mismo, la ausencia de algunas piezas dificulta la correcta pronunciación de algunas palabras, de la misma manera que afecta a la imagen de nosotros que proyectamos a los demás, con nuestro aspecto. Todo este conjunto de “pequeños inconvenientes” sumados entre sí, generan un “gran inconveniente” en nuestra calidad de vida.

Pero la verdadera bomba de relojería es que, a partir de ese momento, se está cocinando a fuego lento la pérdida de todas las piezas dentales de forma escalonada, sin prisa, pero sin pausa, hasta llegar al colapso total de nuestra dentición…

 

¿Cuántas veces has escuchado la frase popular “ Yo tenía muy bien mi boca y, de pronto, perdí todas las piezas”? Aquí, el equipo arrojó la toalla antes de que pitasen el final del partido…

 

En el próximo capítulo hablaremos de los mecanismos de este colapso.

 

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